

Cada vez más personas acuden a los “Therapy bots” buscando apoyo emocional inmediato. Pero ¿son fiables? ¿Pueden llegar a ser contraproducentes?
Es evidente que el uso de la inteligencia artificial (IA) en la salud mental está experimentando un crecimiento notable. Hemos pasado de aplicaciones capaces de detectar signos de depresión utilizando un software de reconocimiento facial, a programas informáticos, los therapy bots, que actúan de psicólogos de cabecera para quienes buscan orientación psicológica inmediata y gratuita.
Según datos publicados en portales estadounidenses como Psychology Today y la American Psychological Association (APA), el interés por este tipo de herramientas se ha disparado especialmente a raíz de la pandemia de COVID-19, cuando la demanda de atención psicológica superó la capacidad de muchos profesionales. Pero ¿cuáles son las ventajas y limitaciones de estas soluciones basadas en IA, y qué implicaciones tienen en la relación tradicional entre paciente y terapeuta?
Una de las ventajas de los therapy bots como Youper, Elomia o Wysa es su accesibilidad. Al no requerir una cita previa ni depender de la disponibilidad de un profesional, están activos las 24 horas del día, los siete días de la semana. También son accesibles para personas que viven en zonas aisladas, con dificultades de movilidad o limitaciones financieras; en estos casos, las soluciones digitales les ofrecen una opción para ser escuchados y atendidos. Además, su formato online facilita que el usuario mantenga cierta privacidad: no es necesario desplazarse ni revelar públicamente que se está buscando ayuda psicológica.
Sin embargo, aunque la IA ha avanzado mucho en la comprensión del lenguaje natural y en la detección de emociones, su “empatía” se basa en algoritmos y modelos estadísticos. Esto quiere decir que, si bien son capaces de reconocer patrones en las palabras y ofrecer respuestas amables o reconfortantes, no experimentan sentimientos de manera real. Por otro lado, el factor humano sigue siendo esencial para abordar trastornos mentales graves o situaciones de crisis que requieran una intervención especializada y eso se consigue con una relación directa paciente-terapeuta.

El desafío radica en establecer un equilibrio que aproveche las ventajas de la IA sin descuidar la supervisión profesional.
Pese a ello, estudios como el llevado a cabo por Harvard Health Publishing han demostrado cierta eficacia en la reducción de la ansiedad leve, gracias a la combinación de técnicas cognitivo-conductuales programadas y un tono cercano y son muchos los usuarios que aseguran sentirse acompañados y aliviados por el simple hecho de poder expresar sus preocupaciones sin sentirse juzgados.
El desafío por tanto radica en establecer un equilibrio que aproveche las ventajas de la IA sin descuidar la supervisión profesional y la necesidad de un contacto humano real.
© Imágenes: Shutterstock.
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¿Puede la inteligencia artificial ser tu terapeuta?
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